Amiga de la infancia

Garbanzos volcados en el cazo
sin ningún cuidado, hundiéndose
en un remolino breve.

Esa fue mi impronta
en su vida.

Pero te diré un secreto:
ahora voy en serio.

Ni las cordilleras
pueden ignorarme.

Fósforo

La cerilla que prendiste
cerca del calentador
aquella noche que quisiste
mantenernos despiertos.

También la llama que osciló
en el hueco de tu mano.

Me lo cosí todo dentro,
especialmente

aquel leve gesto de aplastar
su cabeza para ver si tenía meollo.

*

Alguien innombrable
huyó ante el peligro.

Ahora

lavo de cuclillas
unas bragas tensas.

Mientras

el velamen se hincha
con el viento de
los días bárbaros.

*

La hierba comienza
a curvarse bajo el alero.

Tanteo en busca de
un hueco en la fachada.

Debería haber una llave.

Una de cal,
me prometieron.

Pero hay un agujero
lleno de arena.

*

Recuérdame

soy la única que viene de tu médula,
la que flotaba dentro del hueso,
tan dentro, en lo más duro.

No lo olvides

eres quien descubrió que respiro,
el que tiró de mi cuello
para sacarme aquí fuera.

Ni las estrellas me reconocen.

Nací dentro de tu sangre:
ahí es donde debo volver.

Asúmelo
y llévame de vuelta.


Para mí

es un milagro
cuando un fragmento
de la estructura
se desprende
y enseña secretos.

No es sencillo
fingir soltura,

o convercerte de
que valgo la pena.

Por eso es un regalo
que se abran las
cuñas de porcelana,
como pastillas lisas
dentro del ojo.

Y me hablen de lo que
debería haber aprendido.

Otras cosas

Subo la escalera
y me cruzo con
la vecina, esa a
quien la luz
persigue.
Un piso, dos.
Tengo la llave
de esa puerta.
Al otro lado
hay paredes
y una nevera.
O abedules,
o excrementos,
o alondras.
Otras cosas.
Abro y no
hay viento,
las sombras
son húmedas.
Por fin
una casa.
Este no es
mi sitio,
pero he
llegado.

Una ligera impaciencia a las 8:16 de la mañana

Me cruzo con personas,
con animales en general.
Los veo ir de un lado para otro
(adolescentes, perros, mujeres, palomas).
Pasan andando, corriendo, vestidos
con mallas o un traje nuevo.
Cargando bolsas o chateando.
También me encuentro con
los que madrugan y hacen
dieta. Con los que desayunan
fuera, los que llegan tarde.
Me encuentro con todos,
igual de cabreados por
hacer lo que hay que hacer,
por ir a donde deben ir;
pero yo estiro las piernas
e interrumpo un bostezo.
Eso lo dejo para cuando
haga falta, me digo.
Y entonces arremeto
contra ellos.

Private moments

Menuda putada, esto de hacer pompas
de nostalgia, redondear con jabón
cada recuerdo de tu cara.

Y sobre todo

nombrar cosas para que
luego me estallen en la mano.

Puro buitre

El invierno es
puro buitre.

Oigo que el cielo
va a derrumbarse

por fin.

Me siento en el
banco del parque,

cabeceo.

Estar despierta
es complicado.

Pero quiero
ver la fisura,

ser la primera.

Mientras espero
siento frío.

No viene nadie.

Mi abuelo Julio

La créme brûlée es igual
a la crema catalana,
las separan ligeros
matices sin importancia.

Dijo.

Lo mejor es cuando
cruje, continuó.
Cuando cruje.

Reímos en el sol de
la gran sala y rompimos
el caramelo tostado con
nuestras cucharas.

Recuerdo el anillo dorado
en su anular, la piel blanca.
Una mirada modesta.

Y su eterno retorno.

Esperando días mejores

Cortando los días como si fueran una tarta de limón,
blandos y glaseados, decido qué hacer con el resto.

Dónde poner los sapos, las llamadas perdidas,
los calcetines sucios de la solitaria.

Tal vez debería limpiarme las uñas para
desprender esa sombra que me imita.

Cortando los días como si fueran un pastel,
decido mostrarle la puerta a una mujer triste

que me ha robado la cara.

*

Escupiré junto a la zanja.
Crecerán algas en mis ojos.

Brotará la sangre invisible.

El día que su nombre
se instale entre nosotros.

¿Qué haré conmigo?

¿Dónde meteré tanta boca?

¿Tanto ruido, las palabras
que expulso sin respiro,
como una tejedora nocturna?

Soy la estrella astillada,
esa punzada bajo la uña,
la llamada de la culebra.

Me esfuerzo por disimular.

Pero sigo reventada
de barcos blancos.

Toilette

Me trenzo el pelo
para ocultar la caspa.

Huele a agua de colonia,
a talco y cera. A rosas.

Mientras invoco tus
dedos en mi boca

intento forzar un
cajón sin cierre.

Salgamos

Hay una chuleta en el plato
que sé que está salada
incluso antes de probarla.
Tampoco olvido la arruga
de la pared, una colina en
miniatura que intento alisar
si éxito, pasando la mano
una y otra vez sobre la
película de yeso.
Trinan los jilgueros
en el descampado.
Hay demasiados
esqueletos reunidos
bajo la alfombra.

Ahora todo duerme.
Es hora de vestirse.

Salgamos en busca
de lo que estalla.

*

Un astro

a millones

de años luz

de nuestro

tiempo

viaja con su

estela dorada

hacia tu boca.

Cuando llegue

hasta mi,

la combustión

lo condenará

al negro.

Perfect love

Cuando la luz nos engulló por completo
con su maremoto fulgurante, bajo
incontables kilovatios,

fuimos felices.

Así es, lo fuimos.
Aunque durara apenas
lo justo para poder soportarlo.

Oculto entre los coches

Alzas la vista hacia
mis piernas como

un leopardo colosal.

Olfateas el frío
en busca de carne.

Percibo tus pasos
en mi espalda.

Está bien,
juguemos.

La noche nunca
volverá a ser igual.

La hora alargada de las sombras

Imposible olvidar cómo me
clavaron un codo entre las
vértebras L3 y L4, dejando
un moratón con forma de
reproche en la zona lumbar.

Qué momento.

Aquella luna alucinógena,
verde, azul y violeta
justo encima de mi trasero.

Desde entonces, espero
pacientemente la hora
alargada de las sombras.

Convencida de que cuando
vuelva la hecatombe,
tendrá mis ojos.